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CRIANZA CON APEGO. PIEL CON PIEL

Poco a poco el término piel con piel, skin to skin, se va conociendo más y son muchos los padres que en consulta me preguntan por él.


Originalmente se utilizó para nombrar esa primera hora de vida del bebé en la que se ha demostrado debe estar en contacto directo con su madre. Es un momento en el que se intenta intervenir lo menos posible (siempre y cuando sea posible). Hay que darles la opción de succionar y engancharse al pecho por sí solos. Del mismo modo, hay que darles la oportunidad de conocer su nuevo entorno con gravedad, ruidos y luces; sintiéndose seguros y cuidados.




En los casos en los que la madre no puede ofrecer esa "hora de oro", como es también conocida, a su hijo, necesitamos que el padre haga la misma función. No os asustéis papás porque sabéis hacerlo fenomenal. Ese desbordamiento de amor es justo lo que vuestro peque necesita.


En general es una tendencia que suele respetarse en cualquier hospital y que ha demostrado con creces sus beneficios.


Y llega el momento de irse a casa con vuestro bebé y mil dudas a la espalda. La crianza con apego, defiende que cada uno de vosotros sois los mejores padres para ese bebé. Así que no os preocupéis porque a través del contacto conseguiréis generar un vínculo precioso, pero sobre todo muy fuerte.


¿Qué pasa si no se ha podido realizar ese primer piel con piel?


Bebés adoptados, ingresados en neonatología, o por problemas médicos de la madre. No pasa nada, cero culpabilidades.


La mejor noticia que puedo daros, nunca es tarde.

Hay mil maneras. La más sencilla al principio es quitarse la ropa cuando estéis dando pecho o biberón. De esta manera el bebé recibirá vuestro olor, vuestro contacto y se sentirá como “en casa” escuchando el latido de vuestro corazón.


Además, se suele enseñar en consulta a los padres el masaje Shantala de origen hindú. Conocido también como el masaje del afecto. Les ayuda a generar muchísimo vínculo con el bebé y lo que es casi más importante, nuevas conexiones neurológicas.

Al final todo se resume en “tocar al bebé es tocar su cerebro”.

Como os conté en la publicación del “Desarrollo motor en el recién nacido” llegamos al mundo con muy poca información sobre nuestro cuerpo. Nos movemos a través de unos reflejos primitivos de supervivencia que poco a poco van dejando paso a esquemas motores superiores.


El bebé al nacer no tiene una representación cerebral clara de su cuerpo ya que la zona encargada de esto, corteza somatosensorial primaria, está aún sin delimitar. A través del tacto constante de los cuidadores podrá ir organizándose y mejorando sus conexiones con otras áreas para responder de manera voluntaria hacía los estímulos.


De esta manera se creará el Homúnculo de Penfield. Un dibujo que representa a escala las zonas con más información sensitiva. Ganan de goleada la zona orofacial, las manos y los pies. Y es que son las áreas que más necesitamos para actividades tan importantes como la deglución o el leguaje, o la motricidad fina y la gruesa.


En los casos en los que los peques tengan algún déficit, por ejemplo, visual o auditivo, no hay problema, se generarán otras vías que refuercen el esquema. Está todo pensado.


Tenemos que conseguir en casa generar un entorno enriquecedor que permita a nuestro peque crecer con seguridad y raíces. Evolutivamente esto ha demostrado niños con mejor esquema corporal, coordinación y agilidad.


Plantearos en casa cuánto tiempo dedicáis a tocar al bebé de manera consciente, disfrutando, sin ropa. Tomadlo como un aprendizaje. Sois su mejor juguete y su mejor estimulación.


¡Lo que necesita es vuestra piel!


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